sábado, 5 de marzo de 2022

TODOS CHORROS, DEL PRIMERO AL ULTIMO.


Charla circunstancial con un desconocido...
"Es una vergüenza que los políticos roben a cuatro manos, no bien acceden a un cargo público".
Ambos coincidimos, hasta que el tipo dice... "Hacen bien, si yo estuviera en su lugar, haría lo mismo"
Fin de la charla.
Además de deshonesto, el tipo es un imbécil, porque no comprende que él también es víctima de los políticos corruptos. Su problema no es que alguien robe, lo que lamenta es no ser él quién robe.
Está claro que muchos argentinos no conciben un país libre de corruptos y ladrones, ya sea que hablemos de un ladrón de gallinas o del Presidente de la Nación.
Todos chorros, dijo cierta vez un presidente uruguayo, no sin razón.
La pregunta que debemos hacernos es la siguiente...
¿Queremos vivir así, siempre inseguros, robando o siendo robados todo el tiempo?

jueves, 24 de febrero de 2022

EL PAIS QUE MERECEMOS Y EL PAIS QUE TENEMOS (2026)


Un alto porcentaje de los políticos, sobre todo los argentinos, prometen en campaña cosas que luego no cumplen, lo hacen solo parcialmente, se contradicen desvergonzadamente. La historia nacional y nuestra experiencia personal, demuestran ampliamente que esto es cierto.

Los Ciudadanos somos los "mandantes" de los políticos y no al revés. Somos nosotros quienes los colocan en sus cargos públicos mediante nuestro voto, por lo tanto, debemos contar con herramientas que nos permitan "supervisar" su comportamiento post electoral, y si es necesario, "revocar" sus mandatos mediante un Referendum Popular Vinculante.

Más allá de barreras políticas y/o ideológicas, los ciudadanos debemos unirnos para demandar un cambio en las reglas de la política, para disponer de herramientas institucionales que nos permitan mayor participación en el manejo de la cosa pública. La Democracia no debe restringirse al mero hecho de votar cada dos años, por el contrario, debe ser una tarea continua que todos los ciudadanos debemos desarrollar. Una Democracia Madura, requiere una Ciudadanía Activa, con Deberes y Derechos.

Obviamente esto no es fácil de obtener, pero, si queremos dejar de ser UN PAÍS  DE CUARTA y pretendemos que la Política sea una herramienta de transformación para tener un país mejor, o sea, una vida mejor, algo debemos hacer, sin olvidar que "la unión hace la fuerza".

Muchas veces se habla de "El País que Merecemos", sin comprender que nada "se merece" sino que "se construye" o "se gana", con participación, trabajo, compromiso y perseverancia. En otras palabras: Nada es Gratis.
Ningún político es un santo ni un benefactor de la humanidad, es solo un ser humano, tal vez ni mejor ni peor que muchos de nosotros, por lo tanto, los ciudadanos debemos trabajar junto a ellos, para apoyarlos y/o para controlarlos y/o para destituirlos cuando sea necesario.

Básicamente en el mundo existen tres tipos de democracia: La llamada “Representativa”, la “Directa” y la “Participativa” también llamada “Semidirecta”.

La Democracia Representativa es aquella donde los ciudadanos eligen a unos políticos que supuestamente “representan” sus intereses y gobiernan en su nombre. Es el sistema que tenemos actualmente en Argentina. Lo conocemos muy bien y sabemos que no nos resulta útil, porque delegamos el manejo de las cosas públicas en unos representantes que con demasiada frecuencia nos traicionan y solo se representan a si mismos, con el agravante de que el sistema no nos brinda posibilidades de participar y/o reclamar por esos incumplimientos.

La Democracia Directa es un sistema en el cuál los ciudadanos gobiernan de manera “directa”, sin intermediarios, mediante mecanismos tales como las Asambleas Populares, los Referéndum, y otros. Es el sistema vigente en las primeras democracias de la historia, tal como se practicaba en las “Ciudades Estado” de la antigua Grecia. La complejidad y el crecimiento de las sociedades contemporáneas, hacen muy difícil implementar este tipo de democracia, sin embargo existen algunos países donde se practica, siendo Suiza su principal exponente. En otra entrada veremos otros ejemplos.

La Democracia Participativa o Semidirecta es la tercer alternativa, en la cual el pueblo elige a sus representantes políticos para que gobiernen en su nombre, pero con el agregado de mecanismos típicos de la Democracia Directa, que permiten la participación de los ciudadanos en las decisiones políticas, controlando el desempeño de sus representantes, y el fiel cumplimiento de sus promesas pre-electorales. Obviamente la mayoría de los políticos se resistirán a estos cambios, pero si todos nos unimos para pedir estos cambio, "algo" puede ocurrir.

miércoles, 23 de febrero de 2022

DEMOCRACIA PARTICIPATIVA (SEMIDIRECTA)


 La “democracia participativa” también llamada "semidirecta" es una forma de democracia en la cuál los ciudadanos tienen mayor participación en la toma de las decisiones políticas, que en las llamadas "democracias representativas", que es el sistema vigente en Argentina.

El sistema con mayor grado de participación de los ciudadanos es la “democracia directa”, un sistema actualmente vigente en Suiza, parecido al utilizado en las antiguas "Polis" Griegas. Se trata de un modelo político que facilita a la ciudadanía su capacidad de asociarse y organizarse, de tal modo que puedan ejercer una influencia directa en las decisiones públicas. En la actualidad se manifiesta mediante diversos mecanismos, tales como: “presupuestos participativos”; “consejos vecinales”; “consejos comunales” y “consultas populares”.

En una etapa más avanzada, la democracia participativa contempla la creación de un mecanismo de deliberaciones mediante el cual el pueblo esté habilitado para manifestar sus puntos de vista, sean mayoritarios o minoritarios. Sin negar que todo sistema democrático finalmente descansa en decisiones mayoritarias, los mecanismos de participación hacen hincapié en el pleno respeto a las opiniones de las minorías, a través de mecanismos participativos institucionalizados.

Participación:

En muchas democracias modernas, está comenzando a consolidarse la participación ciudadana como una nueva manera de hacer las cosas. La participación no ha de limitarse a que las autoridades locales y otros organismos públicos informen a la población de sus actividades y decisiones o inviten a los ciudadanos a presenciar sus debates, sino que implica escuchar a la población en la formulación de sus problemas y en la búsqueda de soluciones a esas demandas. Para ello es indispensable proporcionar los medios para encauzar una acción política, social o económica y participar en las decisiones públicas con propósitos de cambio. Algunas formas de participación son las siguientes:

  • Participación en la toma de decisiones: Mediante mecanismos y espacios institucionalmente abiertos para consultar sobre los contenidos de las políticas y programas de gobierno.
  • Participación en la ejecución de decisiones: Mediante la descentralización de la gestión política, para permitir una participación más activa de los ciudadanos y reforzar las capacidades de organización de la sociedad civil. (Principio de subsidiariedad.)
  • Participación en el control de la ejecución: Mediante modalidades y mecanismos que permitan verificar el desarrollo de los procesos, para apoyarlo, corregirlo, mejorarlo o rechazarlo.
  • Participación en los aportes: Mediante la evaluación del esfuerzo social (en dinero, trabajo y/o ideas) para abrir perspectivas de solidaridad, tanto en función de las capacidades de los actores como de sus necesidades.
  • Participación en los beneficios: Mediante la utilización de los beneficios del esfuerzo social por el Estado como eficiente regulador del ámbito económico y la justicia social. Esto le permite al pueblo aportar su perspectiva para el desarrollo integral de su comunidad, ya que es en el pueblo donde reside la soberanía y todos los representantes deben abocarse a la satisfacción de las necesidades del mismo pueblo que los eligió.
  • Participación en la esfera pública: Mediante la regulación de un marco legal favorable para el tercer sector de medios de comunicación. Radios y televisiones comunitarias sin ánimo de lucro, que son gestionadas por las minorías o por las propias comunidades a las que dan cobertura. Democratiza el sistema de medios de comunicación y ponen las tecnologías disponibles para la comunicación de masas al servicio del pueblo soberano.
Mecanismo e iniciativas:

La participación potencia a los ciudadanos para tomar decisiones desde la base popular a nivel comunitario y municipal, pero debe dejar los manejos administrativos en manos de funcionarios públicos electos para desempeñar esa función. La participación popular permite la supervisión comunitaria de estos funcionarios y establece procesos derogatorios aplicables a quienes incumplan los mandatos que su elección implique. A nivel provincial, regional o nacional, la participación directa es posible mediante un Referéndum o un Plebiscito, que requiere un mecanismo representativo intermediario que canalice las iniciativas de base.

Las iniciativas de “democracia participativa” no se orientan a organizar una “democracia directa” sino a promover al grado más amplio de participación en un bien organizado entorno institucional. Las soluciones de cada grupo humano sobre el mecanismo que permita canalizar las iniciativas populares puede ser tan diverso como los intereses y la idiosincrasia de cada pueblo.

Características favorables:

Los principales efectos positivos que tiene este sistema político son:

  • Aprovecha las experiencias y la capacidad de todos: La sociedad funciona mediante una red que ínter-relaciona al gobierno, las diversas comunidades, los grupos de intereses, los sectores y las instituciones. Los ciudadanos tienen un mejor conocimiento de las necesidades de la población a la que pertenecen, que ningún grupo de políticos desde un gobierno centralizado.
  • Promueve la legitimidad: Las instituciones, organismos sectoriales, empresas y gobiernos, acabarán por apreciar que tienen mucho que ganar en confianza, apoyo y colaboración de parte de los ciudadanos, si los incluyen de alguna forma en sus decisiones. Los propios ciudadanos tienen una mayor facilidad de promover iniciativas destinadas a hacer más eficaz el medio en que se desenvuelven.
  • Desarrolla nuevas capacidades: La participación desarrolla la capacidad de las personas para trabajar en colaboración con los demás, de identificar prioridades y de lograr que las cosas se hagan y los proyectos se realicen. La actividad participativa los convierte así en mejores ciudadanos.
  • Mejora la convivencia y calidad de vida: Estudios realizados por economistas, sociólogos y psicólogos, han demostrado que las personas que participan en la toma de decisiones son más felices que los que se limitan a aceptar o aplicar las decisiones de otros, debido a que se sienten responsables del mejoramiento de su calidad de vida. Además, la participación brinda al ciudadano una mayor eficacia en tareas colaborativas.

Notas:

Los antecedentes ideológicos de la “Democracia Participativa” hacen una distinción entre el individualismo, al estilo de Rousseau, y la dignidad de la persona humana. Como individuo, el ser humano no es más que un fragmento de la sociedad, pero como persona investida de su dignidad y derechos, es depositario de los intereses y aspiraciones de la sociedad en su conjunto.

Este concepto lo desarrolló ampliamente Jacques Maritain en sus obras: “Humanismo integral” y “El Hombre y el Estado”. El premio Nóbel de economía Arthur Lewis señaló que todos aquellos ciudadanos afectados por una decisión deben tener la oportunidad de participar en el proceso de toma de esa decisión, ya sea en forma directa o mediante representantes electos “ad-hoc”.

martes, 26 de enero de 2010

BIBLIOGRAFÍA SOBRE PARLAMENTARISMO EN EL MUNDO (01/11/2009)


Bibliografía sobre los Sistemas Parlamentarios en el Mundo
(Recopilada por Adriana Cángaro)

• BADÍA, J,F., Regímenes políticos actuales, Tecnos, Madrid, ultima edición.
• CARPIZO, JORGE, El presidencialismo mexicano, Siglo XXI, México, ultima edición. Estudios constitucionales UNAM, México, ultima edición.
• CORWIN, S. Edward, El Poder Ejecutivo, función y poderes, 1787-1957, Bibliográfica Argentina, Buenos Aires, ultima edición.
• FIX-ZAMUDIO, Héctor, supremacía del Ejecutivo en el derecho Constitucional Mexicano, VII Congreso Internacional de Derecho Comparado, México, última edición.
• GARCÍA PELAYO, M.., Derecho Constitucional Comparado, Alianza, Madrid, ultima edición.
• GONZÁLEZ, GONZALO M., Posición de las Cortes Generales en la Constitución, lecturas sobre la constitución, II uned, Madrid, ultima edición.
• GONZÁLEZ, TEODORO, El rumbo de la gran Bretaña, Valladolid. Ultima edición.
• JIMÉNEZ DE PARGA, M., Los regímenes políticos contemporáneos, Tecnos, Madrid, ultima edición.
• LAMBERT, J., América Latina, estructuras social e institucionales mexicanas, Ariel, Barcelona, ultima edición.
• MARGADANT, GUILLEMOS, Panorama de la historia universal del derecho, Miguel Ángel Porrua, México, ultima edición.
• MC GREGOR, BURNS, Gobierno presidencial, Limusa, México, ultima edición.
• RAMÍREZ MANUEL, El control parlamentario en las democracias pluralistas, Labor Barcelona, ultima edición.
• SANTA OLALLA, Fernando, El Parlamento y sus instrumentos de información, Editorial de Derecho Privado, Editoriales del Derecho Reunidas, Madrid, ultima edición.
• TOCQUEVILLE, Alexis, La democracia en América, Fondo de Cultura Económica México, ultima edición
• TRÍAS; Juan, J., Las concepciones del general De Gaulle sobre la Precidencia
• Evidencia de la República, Revista de Estudios Políticos, Instituto de Estudios Políticos, Madrid, ultima edición
• MANZALLA, A., El Parlamento, Instituto de Investigaciones Legislativas, México, ultima edición.
• SÁNCHEZ AGESTA, Derecho constitucional comparado, Editora Nacional, Madrid, ultima edición
• SÁNCHEZ GOYANES; El sistema constitucional español, Paraninfo, Madrid, ultima edición
• COLE, ALISTAIR. 1998. French Politics and Society. Londres: Prentice Hall
von Mettenheim, Kurt. 1997. Presidential Institutions and Democratic Politics. Baltimor: Johns Hopkins
• SARTORI, GIOVANNI. 2003. Ingeniería constitucional comparada. México: CFE
• ACKERMAN, BRUCE. 2000. “The New Separation of Powers”. Harvard Law Review, No. 3 (Enero, 113): pgs. 634-729
• SCIARIN, PASCAL. 1997. Example, Exception or Both? Swiss National Identity in Perspective. EUI Working Papers
• PARLAMENTO SUIZO. 2001. The Swiss Confederation a Brief Guid. Berna
• PATRICIA RODRÍGUEZ-PATRÓN El Senado suizo http://www.juridicas.unam.mx/publica/rev/cconst/cont/4/art/art7.htm

viernes, 20 de marzo de 2009

¿PERONISMO? ¿QUÉ ES ESO?


Siempre pensé que si fuera fiel y ferviente seguidor de un dios, me dedicaría más que nada a negar su existencia. Haría de todo: expondría sus contradicciones para desprestigiarlo, le lanzaría desafíos para menoscabarlo, difundiría novedades de la ciencia para desmentirlo, me pelaría el upite para que nadie creyera que Él existe. Todo por Él, para Él, de puro feligrés.
Es que hay autorías que es mejor negar: como si alguien pensara en defender la influencia de Bilardo en la invención del antifútbol, de Tinelli en el estilo de la televisión criolla, del comisario Lugones en la renovación de los sistemas de tortura. A nadie se le ocurre.
De la misma manera, si yo creyera que un dios –mi Dios– es responsable de este mundo de mierda, lo negaría por todos los medios: trataría de evitar que lo hicieran responsable de este desastre que vivimos. El verdadero creyente simula ser ateo –como yo- y eso hace que los ateos seamos siempre sospechosos.

Digo, porque el amigo Artemio López me escribió hace unos días en estas páginas que “hay que asumir sin rodeos que la única identidad política realmente existente, es el peronismo, justicialismo o como quieran llamarlo, da igual. Lo lamentamos, entre otros, por el compa Caparrós, al que sabemos algo agobiado, pero ‘Todos Peronistas’ es la consigna del momento", dice, celebra.
Me preocupo por él: si yo fuera un ferviente peronista, me dedicaría más que nada a negar su existencia, a disimularla, a minimizarla todo lo posible. El peronismo ha gobernado 18 años de los últimos 20 y lleva más de medio siglo como la fuerza política decisiva en la Argentina.
El peronismo, si existiera, sería como dios: el responsable de este país-desastre. Es una suerte que no exista.

–Ah, me va a hacer la del ateo. Ya decía yo que al final usted era peroncho.
–No, no se confunda.
–Vamos, peruquita, peronio. ¿Qué se cree, que me va a tomar por pelotudo?

Cristina K lo había entendido en su discurso inaugural. Entonces fue una peronista astuta y no dijo ni una vez –ni una sola vez– la palabra peronismo. Pero después se asustó y se le pasó, volvió a esas fuentes cual cántaro cantarín. Y ahora, de nuevo, dale con el bombo.

Pero el peronismo ya no existe. No existe por pura falta de sentido. Si una palabra no significa nada, si no se sabe qué significa, si significa demasiadas cosas, esa palabra no funciona y tiende a desaparecer.
Si perro quisiera decir mamífero carniza de ojos tristes, engaño socarrón, adolescente que ese día se quedó sin plata, cuarto planeta del sistema solar de la vigésima de Andrómeda, la hojita que al caer produce en su refrote contra el suelo un chistido que recuerda vagamente al canto gregoriano, el segundo órgano sexual, empleado perseverante, atropello violento con los codos y veinticuatro cosas más, nadie diría "perro" porque no está diciendo nada.
Hablar es poner en acto un pacto: yo digo ¡uch! y vos sabés que ¡uch! significa más o menos ¡uch!. Para que una palabra sirva, tiene que significar poquitas cosas. Peronismo no cumple con este pacto. Con éste tampoco.

Una designación política que designa, según lugares y momentos, a un general populista nacionalista macartista; o una guerrilla socialista nacional; o unos privatizadores liberales proyanquis furibundos; o unos caudillos provinciales hambreadores clientelistas; o unos conservadores populares sin demasiado pueblo; o unos socialdemócratas demócratacristianos redistribuidores que no redistribuyen; y tantas, tantas otras cosas.
Que nombra al mismo tiempo a Menem; Duhalde; Cafiero; Scioli; Kirchner; Kirchner; Rodríguez Sáa; Firmenich; Moyano; Duarte; Reutemann; D'Elia; Favio; Iglesias; Walsh... designa tanto que no designa nada.
Un movimiento o partido que puede ser tantas cosas es tan confuso que no es nada: no existe.

Pero ellos tratan de hacernos creer que sí: todavía suponen que les interesa, les conviene. El peronismo es un engaño, un arma: les sirve a los autodenominados peronistas para convencernos de que son parte de lo mismo y, por lo tanto, los demás deberíamos considerarlos como un todo, votarlos como un todo, temerlos como un todo.
El peronismo, al final, es como el "60": una línea de colectivos que en realidad son muchas. Todas tienen el mismo color, el mismo número, pero una va a Tigre, otra a Escobar, una va por Ayacucho, otra por Libertad, y todas se pintan igual, aunque sean tan distintas.
Así lleva a sus clientes -el 60 y el peronismo- entregados, apiñados, a cualquier destino.

Los autodenominados peronistas lo saben pero no quieren reconocerlo, claro. Entonces te dicen que el peronismo existe y se define porque los autodenominados tienen en común su voluntad de poder, su sapiencia en el logro y uso del poder. Es cierto: el poder político suele usarse para organizar sociedades de tal o cual modo; ellos en cambio organizan sociedades del modo que sea necesario para tener poder.
Pero si el peronismo es eso, entonces llamémoslo nietzschismo, o ambición, o codicia.

O están los autodenominados que conceden que el peronismo, claro, no es una definición política pero sí un sentimiento. Siempre pensé que la política no era un sentimiento sino un modo de conseguir que más gente viva mejor –o peor, según quién y cómo se ejerce. Y que es un conjunto de decisiones, de entusiasmos, de procedimientos, de entrega y de inteligencia.
Pero decir "un sentimiento" es evitar cualquier discusión política: no tienen que explicar a quién representan, cómo, para qué, a quién tratan de beneficiar o combatir.
No. Alcanza con hablar de tradiciones y sensaciones, y los que no lo entienden son amargos, gorilas o intelectualosos.
Es curioso que hayan podido currar tanto tiempo, compañeros autodenominados, con pavada semejante. Y que tantos sigamos aceptándolo.

Por ahora, la mayor muestra del poder del peronismo es que creamos que existe, y que sigamos usando esa palabra. Eso es lo curioso: para los demás, para lo que no lucramos con esa palabra, decir peronismo, hablar de peronismo, es una debilidad, una concesión. ¿Por qué tenemos que darles el changüi de seguir aceptando que existen, que son uno, cuando todo indica que no es cierto?

Quizás algo podría cambiar, en la Argentina, si dejáramos de hacerles el favor de llamarlos como ellos dicen que se llaman, si decidiéramos no usar esa palabra que no sirve como palabra, porque designa cualquier cosa, que sólo les sirve a ellos para buscar poder, y empezáramos a llamarlos por sus diversos nombres.
Algo podría cambiar, insisto, si tratáramos de llamar, alguna vez, a las cosas por su nombre.

Nota publicada por Martín Caparrós en el diario "Crítica de la Argentina" en Marzo de 2008.